Vivimos en un mundo digital. Nuestros ritmos son apresurados, nuestros días están divididos en bits y en bytes. Celebramos lo amplio antes que lo profundo, la reacción rápida antes que la reflexión. Pasamos a través de la superficie en búsqueda de breves momentos en docenas de destinos pero muy raramente permaneciendo por algún largo tiempo en alguno de ellos. Corremos por nuestras vidas sin hacer una pausa para considerar quien queremos ser realmente o a donde queremos ir realmente. Seguir leyendo…












